Soy descendiente de Purusha. Tengo en mi voz un mensaje para todas las madres huérfanas de hijos. Un mensaje de mi ancestro al que le fue dado un don: sus mil ojos abarcan todas las visiones. Mujeres: lo que sigue es lo que ha visto Purusha. Ha visto a sus niños atomizarse en Hiroshima. Los ha visto ahogarse con hilos de algodón en sus gargantas inglesas. Han sido masacrados en sus escuelas. En sueños, recibo lo que todavía sucede para que siga contando. Hoy los ve fusilados en Siria y muertos de hambre bajo autopistas o en un rincón del mundo. A ustedes, mujeres, les digo que Purusha también ha visto lo que sucede con ellos después del horror. Sus cuerpos se opacan, se enfrían; es cierto. Sin embargo, me contó que sus almas suben, tibias. Ellas se agrupan y bailan. En esa danza cósmica generan una energía inconmensurable, una euforia ardiente de átomos de infancia ilumina el cielo cada noche. Levanten sus miradas, mujeres; es allí donde brillan sus hijos. Lo que sucederá con las estrellas, Purusha no quiso contarme; y aclaró que, de este modo, me liberaba del peso de relatarles esto a las madres.
del libro Erosión (2017)
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