Disfraz



     Le regalaron un muñeco. Curioso, le bajó el cierre que tenía en la espalda hasta por debajo de la cadera. Miró cada hueso, cada articulación con sus yemas. Cosas de la edad. Sintió algo viscoso y siguió hurgando. Notó que las yuntas se movían. Con maña logró quitar un hueso y otro y otro. Instantáneamente, la piel cayó al suelo. Intentó ponérsela y sólo logró cubrir la parte izquierda de su cuerpo. Vencido, se miró al espejo y ahí estaba: un monstruo de dos cabezas. 


del libro Todo lo que tenía que crecer (2012) 

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